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12 de mayo de 2021

¿CÓMO PODEMOS LOGRAR QUE UN ESTUDIANTE OCUPE EL CENTRO, MIENTRAS ALGUNOS EDUCADORES SE ENCUENTRAN EN LAS PERIFERIAS?

 PRIMERA PARTE

¿Cómo podemos lograr que un estudiante ocupe el centro, mientras algunos educadores se encuentran en las periferias?



“La tarea educativa, el desarrollo de hábitos solidarios, la capacidad de pensar la vida humana más integralmente, la hondura espiritual, hacen falta para dar calidad a las relaciones humanas, de tal modo que sea la misma sociedad la que reaccione ante sus inequidades, sus desviaciones, los abusos de los poderes económicos, tecnológicos, políticos o mediáticos. Hay visiones liberales que ignoran este factor de la fragilidad humana, e imaginan un mundo que responde a un determinado orden que por sí solo podría asegurar el futuro y la solución de todos los problemas.” (1)

Nuestro escenario educativo, está sostenido por seres humanos que poseen diversas historias, experiencias que han dejado huellas y que al pasar de los años han ido definiendo la personalidad, el pensar y actuar de cada uno.

Sería muy ingenuo pensar, que todos entramos por las puertas de la escuela siendo maravillosos, educados, fraternos, solidarios o creyentes. Sí existen testimonios de educadores que construyen el Reino de Dios en la escuela, que se convierten en “ángeles custodios” de cada uno de los niños o jóvenes que se les han confiado; pero, lamentablemente, existe otro grupo, muy reducido, que cargan en sus espaldas la dura y pesada roca del dolor, de unas heridas que dejan cicatrices desde la infancia, convirtiéndose en un obstáculo para transitar su camino al encuentro y reconocimiento de su vocación.

Es correcto que al hablar de educación, el mayor porcentaje de nuestra mirada se dirija hacia el alumno, ya que ellos son los más vulnerables, son la razón de ser. Desde que el hombre tiene conciencia de su historia, la enseñanza ha ocupado un papel protagónico, los padres enseñan a los hijos todo lo necesario para sobrevivir y conservar las tradiciones y ritos familiares. El conocimiento le otorga poder al que lo posee, le permite influir sobre los otros y mejorar la calidad de vida, atraer el desarrollo y los avances, tanto económicos como científicos, espirituales y culturales.

“En aquel tiempo, entró Jesús en una sinagoga y había un hombre que tenía la mano paralizada. Los fariseos estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: «Levántate ahí en medio». Y les dice: «¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?» Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: Extiende la mano». Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra él para ver cómo eliminarle.” (2)

Considero oportuno proponer este pasaje de las Sagradas Escrituras como uno de los íconos evangélicos inspiradores de la escuela cristiana, ampliando nuestra mirada y reflexión en cada personaje y detalle que se nos relatan. ¿Es lícito en la escuela hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?, ¿cuántas vidas se pueden salvar en una escuela?, ¿cuál es la ley que predomina?

Para nosotros la escuela es un lugar de salvación, podemos trasladar la imagen del templo a los colegios, espacios sagrados en donde la vida nace y se fortalece, se recupera y germina. Más adelante volveremos a abordar este texto del Evangelio.

Si queremos que el estudiante ocupe el centro, cabe preguntarnos ¿quién le ofrece ese espacio a los niños y jóvenes que asisten a las escuelas? La respuesta parece ser que los educadores y seguidamente surgen nuevas interrogantes, ¿los maestros son conscientes de esto?, ¿conocen los pasos a seguir para convertir la escuela en un lugar de salvación?, ¿cuántos maestros viven en la periferia y no lo saben?

Un maestro vive en la periferia cuando: 

* No reconoce que se le ha confiado la vida de sus estudiantes para amarlos y revelarles el mensaje de salvación, 

* cree que su única responsabilidad es transmitir conocimientos, 

* cuando cada encuentro con sus estudiantes no lo ve como una nueva oportunidad sino una obligación,

* cuando no ha logrado reconocer el paso de Dios por su vida,

* cuando no ha recibido el mensaje de salvación,

* cuando agrede o irrespeta a los estudiantes,

* cuando no actúa justamente,

* cuando no aprovecha los desaciertos de sus estudiantes como una oportunidad de crecimiento,

* cuando no se reconoce como embajador y ministro de Jesucristo,

* cuando no se preocupa en conocer las dificultades que atraviesan sus estudiantes,

* cuando no participa del proceso de construcción del Reino de Dios.


“La pregunta pastoral no es de ninguna manera ¿cómo hablaremos de Jesús a los hombres de hoy? La pregunta pastoral es siempre ¿cómo habla Jesús en los hombres de hoy? Quien se plantea la primera pregunta no busca signos. Está convencido de haber oído hablar a Dios y de saber qué ha dicho de una vez para siempre. En su perspectiva, el problema pastoral es un problema de medios, un problema que reside en averiguar cuáles son las adaptaciones de lenguaje que hay que hacer para que lo mismo de siempre sea entendido hoy. Un problema de recursos, técnicas y dinámicas. El que se hace la segunda pregunta, en cambio, sabe que el problema está en las mediaciones. Sabe que Dios habló en Jesús de un modo único e insuperable. Pero sabe también que el Espíritu está entregado en el mundo y que Jesús es Señor de la Historia.” (3)

Este texto nos permite adentrarnos un poco más en lo que será nuestra respuesta a la pregunta inicial y que posee el título de este ensayo ¿cómo podemos lograr que un estudiante ocupe el centro, mientras algunos educadores se encuentran en las periferias? En la medida en que existan maestros vocacionados, los estudiantes ocuparan el centro, cuando nos hacemos la pregunta “¿cómo habla Jesús en los hombres de hoy?” estamos en el camino acertado, escuchando al educador, a ese hombre y mujer que toca las puertas de la escuela pidiendo empleo, sin imaginarse que ha llegado a un “lugar de salvación”, a su casa, en donde se le acoge y valora por lo que es, por lo que sabe y es capaz de recibir y dar a los demás. Cuando eso sucede, la escuela deja de ser una estructura rígida, para pasar a ser un hogar, en donde el calor del fuego reúne a todos en su entorno y los fortalece, ahí comienza a nacer la comunidad cristiana.

Ante estas interrogantes y el reconocimiento de ofrecer un aporte al sistema educativo, comparto las siguientes ideas que pueden llegar a implementarse en cada escuela:

1. Conformación de comunidades de educadores.

2. Plan de acompañamiento y evangelización.

3. Renacidos en el Espíritu. 


En una próxima publicación procederemos a explicar cada uno de los tres puntos antes mencionados.


Bibliografía:

(1) Encíclica Fratelli Tutti, Papa Francisco, Asís 2020, #167.

(2) Del Evangelio según San Mateo 3,1-6

(3) “Pastoral Educativa. Una mirada de fe sobre la tarea escolar”; RODRÍGUEZ Santiago fsc; Cuaderno MEL #28; página 13; Roma, junio 2005.


17 de febrero de 2019

GESTIÓN Y PROFETISMO


GESTIÓN Y PROFETISMO
¿Será posible que un educador o un directivo se convierta en un profeta?

Tomar la decisión de llevar una manera de vida desde una perspectiva crítica y constructiva en relación con las pesadas estructuras sociales, políticas, económicas, religiosas y culturales, es lo que llamamos “profetismo”.

Comencemos por definir ¿qué es un profeta? Lo primero que debemos aclarar es que NO es un vidente, que logra predecir mágica y trágicamente el futuro.




“El profeta evoca el sueño de un mundo diferente, con otra lógica de relaciones, la crítica y la des-absolutización de las instituciones en nombre del Señor.” (1)

El profeta observa la historia a partir de las injusticias, de los marginados, los excluidos y los más pobres. Los profetas lideran organizaciones, grupos de personas para “desorganizar” y ofrecer nuevas alternativas para reconstruir desde el plan de Dios. En otras palabras, se encargan de abrir los ojos y destapar los oídos, tocando los corazones de aquellos que no han logrado direccionar su trabajo en bien de la sociedad, buscando el beneficio de muchos y no el de unos pocos.

Gerenciar es prever, planificar, liderar la ejecución y evaluar. Todas estas acciones recobran un poder trascendental cuando se asumen desde la postura profética, teniendo como objetivo final el alcance de resultados de calidad, desde las ciencias y la transformación evangélica del ser humano.

Quiero invitarles a través de este escrito a dejar de pensar que el ser profeta le corresponde únicamente a los hombres y mujeres que han dedicado su vida al sacerdocio o la consagración religiosa. Es un llamado, una invitación que se le hace a todo ser humano que cree en el amor, en la libertad, en la paz, la justicia, el perdón, la fraternidad y la igualdad.

La coherencia entre las palabras y las acciones es una de las exigencias que debe poseer un profeta. Cuando hablamos de coherencia hacemos énfasis en la predicación y vivencia de los principios antes mencionados, por ejemplo: decir que apoyamos la libertad pero en las acciones como gerente se impide el libre pensamiento, sería totalmente contradictorio.

Entendiendo el profetismo dentro de la gestión se convierte en una solución a muchos problemas, es una alternativa innovadora, creadora de nuevas acciones y oportunidades, es una instancia dentro de la planeación, la ejecución y la evaluación, invitando a todos los agentes a ser parte protagónica.

El profeta debe comprender con lucidez los mecanismos escondidos en los hechos, lograr ver más allá de las apariencias, ¿recuerdan aquello de mirar lo “invisible” en las personas o acontecimientos? El profeta no se queda con la primera expresión o reacción, busca llegar a su origen, a aquello que lo ha generado, la primera causa, y es desde ahí que podrá tomar una decisión. Esto es lo que llamamos ser visionarios, percibir antes que los otros los llamados de Dios, hacerse siempre las preguntas ¿qué me está queriendo decir Dios con todo esto?, ¿qué debo hacer?

Carlos Mesters afirmaba “los profetas son la conciencia crítica del pueblo de Dios”. No estaba equivocado.

Vamos a reflexionar sobre los actuales rasgos del profetismo:
experiencia de Dios,
ética,
anuncio,
denuncia y
conexión.

Experiencia de Dios:
Todos los seres humanos tenemos una experiencia de Dios, cada quien conoce su itinerario, todo es cuestión de hacer consciencia del mismo y poder trabajar para sanar lo que haya que sanar y consolidar sus bases tan necesarias para avanzar.

Indiscutiblemente necesitamos del prójimo para aumentar esta experiencia de Dios, el cual habla y se nos hace presente en cada ser humano.

Las sagradas escrituras son otra herramienta que nos iluminan el camino, nos permiten evaluar y proyectar cada tramo a recorrer.

Dios ha realizado una alianza con su pueblo, alianza de salvación, de perdón y misericordia, de resurrección. Renovemos cada día esta alianza, pongamos nuestra vida en manos de Dios y que sea su Santo Espíritu el que nos lleve de la mano en nuestro rol como profetas.

Ética:
Cuando reconocemos que somos hijos de Dios, creados a su imagen y semejanza, estamos aceptando que la libertad y la vida nos vienen de Él. Es por ello que el profeta defiende estos dones, el don de la vida y el don de la libertad. En el profetismo la ética nos impulsa a escapar del mal y realizar el bien, defenderlo y proclamarlo. El criterio que nos permitirá evaluar si estamos actuando correctamente es la práctica de la caridad y de la justicia social.

Anuncio:
Hoy en día los profetas tienen la misión de mantener encendida la llama de la fe, de la esperanza, del reconocimiento del bien sobre el mal; sabiendo que Dios está por encima de lo malo. El profeta anuncia la Buena Nueva, cree en ella, la reflexiona y la logra entender dentro de los acontecimientos de la historia.

Denuncia:
El profeta va reconociendo en el camino qué tan cerca o lejos está de los planes de Dios, si hemos puesto por encima nuestros intereses y deseos, si conseguimos excusas para dejar de amar a todos para amar a unos pocos. La gestión profética podría convertirse en ruido, en algo molesto, que perturba a aquellos que impulsan planes contrarios a los Evangelios. Cuando se suman la acción gerencial y el ser profeta, el miedo desaparece. Esta es una de las acciones que más exigen a todo directivo y es la más atacada por las tentaciones, en algunas ocasiones el manejo del poder corrompe a las personas, las aísla, les lleva a ser selectivos en las amistades siempre y cuando le beneficien, controla las acciones y pensamientos a su gusto, intimida y amenaza. 

Conexión:
El directivo profeta debe reconocer la importancia que tiene en su gestión el relacionarse con todas las personas posibles. Estar cerca del pueblo, de los más humildes, los pobres y sencillos. Poder escucharlos a todos, que le hablen y le compartan sus penas e inquietudes. Estar conectados es caminar junto al otro, al prójimo. Lo peor es quedarse en la oficina dirigiendo todo, desde el balcón, mirando a lo lejos y creyendo que todo está bien porque es lo que le informan. El directivo profético debe gastar los zapatos caminando por el centro educativo, de lo contrario deja de ser profeta.

Dios quiera que este escrito, que es un abre boca, sirva para la reflexión, el diálogo entre compañeros de trabajo y el alcance de nuevas metas.

Estaré atento a sus comentarios.

Viva Jesús en nuestros corazones… por siempre.

(1) MURAD Afonso; "Gestión y Espiritualidad. Una puerta entrabierta." Junio 2009, Ediciones Paulinas, Brasil.


14 de octubre de 2018

YO SOY BUENA GENTE


Yo soy buena gente

Quiero dedicar este escrito a todos los hombres y mujeres de todas las edades y que se definen como seres humanos de buen corazón, de buena voluntad.

¿Quién que esté en su sano juicio quiere ser malo?, ¿hacerle daño a otro ser humano?, ¿dañar las relaciones y violentar la paz? Rápidamente respondemos “nadie”. 



Y entonces ¿qué sucede que hay ocasiones en las que nos dejamos llevar por sentimientos de rabia, dolor, impotencia y reaccionamos violentamente contra los otros sin medir las consecuencias de nuestros actos?

El bien existe, el amor, la paz, el servicio gratuito, la entrega generosa. Pero también existe el mal, la guerra, el egoísmo, la envidia, la desconfianza, todo lo que hace daño y corroe el corazón. Somos tan frágiles que si no nos sostenemos a una columna fuerte y profunda, seremos arrastrados por el mal. La columna del amor, de la paz y todas las acciones buenas que llevamos en nuestro corazón es Dios.
Un texto que puede ayudarnos a iluminar esta reflexión lo he tomado de la exhortación apostólica Evangelii Nuntiandii del hoy Santo Pablo VI

“10. Este reino y esta salvación —palabras clave en la evangelización de Jesucristo— pueden ser recibidos por todo hombre, como gracia y misericordia; pero a la vez cada uno debe conquistarlos con la fuerza, "el reino de los cielos está en tensión y los esforzados lo arrebatan", dice el Señor[24], con la fatiga y el sufrimiento, con una vida conforme al Evangelio, con la renuncia y la cruz, con el espíritu de las bienaventuranzas. Pero, ante todo, cada uno los consigue mediante un total cambio interior, que el Evangelio designa con el nombre de metanoia, una conversión radical, una transformación profunda de la mente y del corazón.”

 El mensaje del bien nos llega a todos, pero no surte el mismo efecto en todos, ¿por qué? El texto nos ilumina al afirmar “cada uno debe conquistarlos con fuerza”. Dios no obliga ni fuerza los corazones y las acciones de los hombres y mujeres, es el primero en respetar la libertad, no olvidemos que si en algo somos imagen y semejanza de Dios es en el ser hijos libres.

En esa lucha interior de incomprensiones, de acciones buenas y malas, es donde debemos ser constantes, no rendirnos, por el contrario, cada vez que reconocemos que hemos actuado mal, es cuando más tenemos que aferrarnos a Cristo. “Pero, ante todo, cada uno los consigue mediante un total cambio interior, que el Evangelio designa con el nombre de metanoia, una conversión radical, una transformación profunda de la mente y del corazón.” 

Nadie está afirmando que este camino del bien sea fácil.

Dios reconoce las fortalezas y debilidades de cada uno de sus hijos, no es él quien nos castiga ni nos juzga, por el contrario, nos realza, levanta del suelo, toma entre sus brazos y llena de besos y misericordia; Él sabe que este transitar en la tierra está lleno de dificultades y tropiezos.

“Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y este movido por la misericordia corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.” Lc 15, 20



Jesús nos quiso dejar bien claro cuál es el papel del Padre, en el texto del “hijo pródigo” lo vemos perfectamente retratado. Todos los días se quedaba esperando el regreso del hijo, mirando desde la puerta de la casa, la cual estaba siempre abierta. Celebró una fiesta luego del regreso del hijo cuando este reconoce su error y arrepentido le pide disculpas. 

No te rindas, no te desanimes, te invito a toma fuerzas, renueva en ti el deseo de amar y servir, pide todos los días a Dios que te dé la sabiduría para saber escoger el camino correcto.

Este escrito está pensado para un momento largo de oración o para un día de retiro espiritual.

Estamos juntos en este itinerario de salvación.

Espero tus comentarios.
Viva Jesús en nuestros corazones… por siempre.

30 de septiembre de 2018

ALCANZAR LA SALVACIÓN SIN ESTAR BUSCÁNDOLA


ALCANZAR LA SALVACIÓN SIN ESTAR BUSCÁNDOLA


Cualquiera podría comenzar esta lectura preguntándose ¿cuál salvación? Es muy válida esa pregunta y más cuando siempre procuro respetar las diferentes ideas, corrientes, posturas o percepciones. Como siempre procuro dejar claro que no pretendo imponer nada y mucho menos decir que mi propuesta es la verdad final.

Iniciemos aclarando lo relacionado a la salvación, demos ejemplos:

  • Caminar por la acera y no por el medio de la calle es decidir salvarnos de un accidente.
  • Ir a la playa y colocarnos protector solar, es decidir salvarnos de un cáncer de piel.
  • Amar a la familia, a los padres y demás integrantes, es asegurar, salvar, nuestra salud emocional, psíquica e incluso física.

Ejercer correctamente nuestro oficio o nuestra vocación es salvar nuestro reconocimiento, el nivel de rendimiento, valoración e incluso autoestima.

Hay momentos en los que hacemos conciencia de las consecuencias que pueden traer nuestras acciones. Cuando actuamos prudentemente es porque reconocemos que es lo correcto, porque de no hacerlo dañamos un trabajo o lastimaríamos la vida de otra persona, aunque nosotros estemos aparentemente intactos.

La frase que inspira este escrito es la que aparece en el libro del profeta Daniel y que Juan Bautista 
De La Salle rescata en varios de sus escritos al momento de orientar a los educadores sobre la gran responsabilidad que poseen.

“Los que tengan el conocimiento brillarán como un cielo resplandeciente, los que hayan guiado a los demás por la justicia brillarán como las estrellas por los siglos de los siglos.” Dn 12,3

No todo ser humano hace consciencia de esta realidad. Hemos escuchado muchas veces la afirmación “el conocimiento es poder”, eso es cierto, el que se ha preparado, estudiado, obtenido información, seguramente tendrá mayor posibilidad de alcanzar algunos objetivos que no obtendrá el ignorante. Tener el conocimiento debe ser utilizado para el bien, para construir, servir, amar, de esa manera estaremos brillando como un cielo resplandeciente; otros nos mirarán como referencia y querrán acercarse, verse beneficiados por esa sabiduría y resplandor.

Ese brillo no llega solo, viene a ser la consecuencia de las acciones asumidas en bien de los otros. Si tu conocimiento lo utilizas para guiar a otros por el camino de la justicia, tu brillo será como el de las estrellas.


Dicho esto, volvemos al título. ¿Será cierto que alcanzamos la salvación sin estar buscándola? Toda acción buena que realicemos, traerá como consecuencia la mirada misericordiosa y paterna de Dios, en otras palabras “la salvación”. Nos estaremos alejando del mal, del odio, de la rabia, de la venganza, de todas esas enfermedades que no nos permiten vivir sanamente del cuerpo, los pensamientos y espíritu.

Un mensaje para los educadores:


“Agradezcan a Dios que haya tenido la bondad de servirse de ustedes para
procurar a los niños tan grandes beneficios, y sean fieles y exactos a
desempeñarlo sin recibir remuneración alguna, para que puedan decir con san
Pablo: el motivo de mi consuelo es anunciar el Evangelio gratuitamente, sin
que les cueste nada a los que me escuchan.”  MR 194, 1,2

Si nosotros los educadores hemos optado libremente por esta profesión, asistimos a las universidades, dedicamos muchas horas a la planificación y a la evaluación; contamos con el poder del conocimiento el cual debe ser utilizado para el bien, para el servicio. Terrible cuando escuchamos a educadores expresarse de forma intimidante hacia sus estudiantes, lamentablemente ellos no quieren reconocer que el poder que poseen se les ha dado para salvar y salvarse. Dios es quien nos ha colocado en el lugar de procurar grandes beneficios a los niños y jóvenes.

En la medida en que ayudamos a otros a ser buenos, estar preparados, alcanzar el conocimiento y reconocer el buen camino, estamos inconscientemente salvando nuestra vida de todo mal. Es un efecto rebote, quien da amor recibe amor. Seguramente alguno estará pensando: “no siempre”, “hay personas muy mal agradecidas”, “estoy casando de hacer el bien para que me paguen con el mal”. Sí, eso es verdad, pero es que en ningún lado he negado esa otra realidad, lo que estoy queriendo reconocer y darle fuerza es a la idea de que por encima de nosotros hay un Dios que nos sostiene a pesar de esas otras realidades y aunque existan personas malas no debemos renunciar a nuestros principios y creencias.

“Y la verdadera razón de esto es que, si cumplen bien la función de guías y conductores de las almas de quienes les están confiados, cumplirán igualmente bien sus obligaciones para con Dios; y Dios los colmará de tantas gracias, que se santificarán ellos mismos en la medida en que contribuyan todo lo que puedan a la salvación de los demás.” MR 205,2,2

Cuando abres una puerta para que otra persona pase, es porque tú tienes la llave, la posibilidad de entrar o salir cuando quieras. Permitir que otros entren en un espacio de bien, de paz y convivencia, es porque eso a ti te hace bien, estás convencido de cuál es el camino para alcanzar la felicidad.

Hago un alto en mis palabras y deseo que vean este pequeño video de la película “La lengua de las mariposas”, considero que pueden expresar muchísimo mejor lo que llevo en mi mente y corazón:



 No quisiera desviar la atención del mensaje en aquellos detalles históricos en los que se desarrolla esta película, una España en la que se están dando los primeros pasos para lo que será la guerra civil española, en donde muchos tuvieron que renunciar “exteriormente” a sus principios para salvar su propia vida y la de sus seres querido; esa es otra “salvación” que lamentablemente existe y nos ha hecho mucho daño.

Hacer siempre el bien, dar lo mejor de nosotros, construir un mejor planeta desde cada una de las aulas, patios, calles; abrir las mentes hacia el conocimiento y despertar conciencias dormidas. Eso es hacer el bien, eso es alcanzar la salvación, eso es utilizar el conocimiento como una fuerza transformadora, aunque a algunos no les parezca o no les convenga que el conocimiento sea difundido y puesto al alcance de todos.

Espero sus comentarios.
Viva Jesús en nuestros corazones… por siempre.

Nota: 
Las citas MR corresponden a las Meditaciones para el tiempo de Retiro de San Juan Bautista De La Salle.