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1 de julio de 2019

¿POR QUÉ DIOS ES TAN MALO?


¿Por qué Dios es tan malo?
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Cuando salimos a las calles y observamos con calma la realidad que se encuentra en muchas esquinas, podríamos afirmar que Dios es malo, mejor dicho, Dios es malísimo, es un padre que no ama, sino que odia a sus hijos.

Resultado de imagen para Dios maloVer a niños o jóvenes pidiendo limosnas, mujeres embarazadas o con un niño en los brazos viviendo en las calles, jóvenes drogándose, enterarnos de personas que han decidido suicidarse, restaurantes que botan comida mientras miles pasan hambre, templos llenos de fieles rezando y dándose golpes de pecho y que contradictoriamente cuando salen a las calles se convierten en lobos disfrazados de ovejas violando los derechos de los otros y abusando de su estatus o poder. ¿No les parece que estos ejemplos son suficientes para afirmar que Dios es malo?

Si Dios fuera bueno todos los seres humanos tendrían un estilo de vida razonablemente bueno. Por ejemplo: en una familia no existirían peleas ni odios, los padres no abortarían a sus hijos, los niños y jóvenes tendrían la oportunidad de crecer en un hogar fundado en el amor, las riquezas materiales estarían bien distribuidas, no existirían pobres ni ladrones, los fieles practicantes serían coherentes con lo que predican, en la escuela ningún estudiante saldría mal en sus estudios y mucho menos perdería un año escolar y los narcotraficantes no existirían.

Escuchar a un adolescente afirmar que Dios no existe y que todo lo que se le ha enseñado sobre Dios es mentira porque desde que nació su vida ha sido una verdadera tragedia es comprensible, como adulto formado en las ciencias religiosas y en las ciencias pedagógicas puedo comprender que el análisis que este adolescente realiza es unidireccional (Dios en la vida del ser humano), y no es bidireccional (Dios y los hombres en mutua relación). Quien ha sido golpeado sin dar algún motivo para ello, mira su herida, llora por el dolor que siente y reacciona en rechazo total hacia la persona que le generó tal dolor, el problema está cuando no enfocamos racionalmente nuestro análisis hacia la verdadera causa de la herida.

Otro ejemplo es cuando una persona buena, inocente, llena de vida, cae en cama con una enfermedad mortal. Es de los muchos escenarios que se repiten con frecuencia y cuya culpa pertenece únicamente a Dios, dejando por fuera cientos de argumentos o posibles causas.

Lo cierto es que pertenecemos a una cultura occidental en donde la imagen y formación que poseemos de Dios pesa mucho al momento de intentar analizar los acontecimientos de la vida. Si creemos que Dios es omnipotente debiendo influir y actuar en todo acontecimiento de la vida humana pasando por encima de los mismos seres humanos, entonces cabe perfectamente la pregunta “¿por qué Dios es tan malo?”

Cuando desde niños se nos enseña que encendiendo velas a los santos o rezando rosarios y asistiendo a misa, recibiremos una especie de escudo protector que nos librará de todo mal, entiéndase robos, enfermedades, dolor, pérdida de bienes, peleas con seres queridos, etc.

Sin darse cuenta, nuestros maestros en la fe cometen un error que aparentemente pareciera tonto o ingenuo, pero al pasar de los años reaparece en nuestra conciencia lleno de dolor y rabia a través de una pregunta ¿por qué si Dios es tan bueno, a mí me pasan estas cosas malas?, ¿será que Dios no existe?, ¿será que me engañaron?, ¿será que mis buenas acciones no sirvieron para nada?

Quiero rescatar unas palabras expresadas por el doctor Yokoi Kenji en una de sus conferencias en la ciudad de Puebla México, la cual fue publicada en youtube en el año 2019:

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“Yo soy latino y nos gustan las cosas ya, el final ya, y de ahí que yo odiaba las historias de los japoneses, pues yo soy colombiano, y esas historias sin final yo las odiaba. Viviendo en Japón y estando en la escuela, un día entró el maestro y nos dijo:

“Muchachos, hoy les voy a contar una historia importante de la cultura japonesa.”

Yo me emocionaba, una historia.

Maestro: “La vida que ustedes tienen en este momento, lo que están viviendo, es como la vida de aquel hombre que huye del tigre, el tigre ya lo va alcanzar para tragárselo, es su comida, no va a desistir, lo persigue y lo persigue, y el hombre corre y corre, ya no tiene fuerzas para seguir corriendo, así que toma una decisión aquel hombre, se lanza por un abismo, con la suerte de quedar colgando de una rama, pasa toda la noche ahí dormidito, y al otro día, cuando despierta, mira hacia abajo con la esperanza de ver si puede bajarse, pero hay un problema, el tigre está abajo durmiendo esperándolo, es su comida y no va a desistir, menos mal que justo en ese momento el hombre nota que de la rama donde está agarrado, justo hay una mora, una zarzamora gigante, que él no había visto antes por la oscuridad de la noche, ahora brilla por la luminosidad del sol, el hombre extiende su mano, la toca con la punta de sus dos dedos y está tan madura, que esa mora se desprende solita, el hombre la introduce en su boca, la mora estalla e inmediatamente calma su sed.

Y ahí termina la historia. Y los niños japoneses escuchan ese final y hacen ¡ohhhh! Y yo el único niño latino pregunta ¿y el tigre? Y el maestro responde:

Maestro: “el tigre no importa Kenyi, siéntese, lo que importa es la mora”

Y yo insistía, la mora no importa, lo que importa es el tigre, y seguía la clase, yo no podía pensar en más nada, soy un latino, ese señor se quedó colgando de esa rama, matémoslo o salvémoslo, pero hagámosle un final a este cuento.

Un día apareció un maestro que me dijo: “Kenji venga que le explico: ¿por qué el tigre no importa? 
Porque el tigre es la muerte, a todos nos espera, nadie la puede evadir, por eso no importa, pero la mora, son esas cosas pequeñas que nadie nos puede quitar y por eso su vida es como esas pequeñas moras.” (1)

Los niños japoneses han aprendido a identificar los momentos hermosos de cada día, se les enseñó a saborear las moras de la vida, a identificarlas, también reconocen los momentos difíciles pero no se enredan en las historias y dolores que estos encierran, saben que el mal existe y es por eso que se preparan para enfrentarlo de una manera inteligente y no visceral, sentimental, irracional.

Poder identificar el origen del mal nos hará libres, nos permitirá reconocer que Dios no es el padre de lo malo, no es el causante de las tristezas, de las tragedias, por el contrario, Dios es el Padre del amor, de la reconciliación, de las oportunidades, de la esperanza, es el que nos envía su Santo Espíritu para que le dejemos entrar en nuestras vidas, le abramos el corazón y nuestra mente y le permitamos actuar junto a nosotros. En la medida en que dejemos que el Espíritu de Dios invada nuestro ser, estaremos encontrando las respuestas adecuadas a tantos males existentes en la tierra.

Las enfermedades deben ser estudiadas, cada una tiene una razón de ser, una causa y posibles tratamientos, los ladrones y violadores son parte de una sociedad enferma, de un problema de educación, de formación en valores y principios.

Los divorcios o la violencia intrafamiliar son generados por el mismo ser humano, quien se deja dominar por los celos, el ego, la rabia, el querer controlar o dominar la vida de los otros, la falsa concepción de libertad.

Un país pobre en donde sus calles están llenas de indigentes, consumidores de drogas o niños abandonados, no es culpa de Dios, es culpa de los propios dirigentes políticos que han sumergido en la miseria a los habitantes de ese país, robándoles la oportunidad de estudiar, crecer económicamente, de salir de la pobreza y la miseria.

Lo presentado anteriormente hace referencia a acontecimientos totalmente humanos, cuyo único responsable es el hombre. Las guerras, el maltrato, la envidia, la ambición, el odio y todo sentimiento destructivo no le pertenecen a Dios. Como existe el bien también existe el mal, los seres humanos en medio de nuestro ser creados a imagen y semejanza de Dios gozamos de la libertad, de esa facultad que nos ha obsequiado Dios como buen Padre, que no somete, ni esclaviza a sus hijos.

Se imaginan a Dios manejando a su antojo a todos los seres humanos como si fuéramos títeres, sin la posibilidad de optar y tomar decisiones sobre nuestro presente y futuro. Esa imagen es terrible, ahí sí deberíamos afirmar que Dios es malo.

Ahora conversemos sobre Dios y hagámoslo a la luz de la siguiente cita de la primera carta del apóstol San Juan:

7"Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. 8.Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor.

9.En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene; en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él.

10.En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. 11.Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.

12.A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. 13.En esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. 14.Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo, como Salvador del mundo." (2)


Porque reconozco la existencia amorosa de Dios en mi vida, en el mundo, en cada ser humano, entonces como consecuencia mis acciones serán coherentes con ese amor recibido. Yo me porto bien y soy una persona educada, servicial, comprensiva, compasiva, coherente y todo lo bueno que pueda ser, porque en mí no existirá otra forma de retribuir el amor recibido por medio de Jesucristo a toda la humanidad. Soy bueno porque me reconozco amado, no porque le tengo miedo a Dios.

Resultado de imagen para Dios es amorAl leer este texto del apóstol San Juan reconozco y soy capaz de analizar que el mal no proviene de Dios, nace y surge de todo aquel que se aleja de Dios. Los seres humanos que actúan desde la maldad no han conocido a Dios, desde su libertad mal manejada le cierran las puertas a la experiencia amorosa que el Creador tiene para ellos.

El amor consiste no en que nosotros hayamos amado a Dios primero, eso es un error que muchos seres humanos cometen en su reflexión interior. Algunas personas analizan que si se portan bien, si cumplen los mandamientos y son fieles a toda la doctrina cristiana, entonces Dios tiene la obligación de guardarles un puesto junto a Él en el Paraíso, esto me recuerda mucho al comportamiento asumido por el hijo mayor en la parábola del hijo pródigo al enterarse que su hermano menor había regresado a casa, es triste pero el hermano mayor no logró comprender que lo que nos hace hijos fieles de Dios es la capacidad que tengamos de amar y perdonar. La lógica de Dios es diferente a la humana, es otra cosa, rompe nuestros esquemas limitados. El amor consiste en que Dios nos amó primero, antes de que nosotros llegásemos incluso a tener conciencia de su existencia, y cada uno de nosotros llegará a gozar de la vida eterna no porque fuimos buenos en la tierra, sino porque Dios es el bueno y yo como reconozco su amor infinito y su misericordia hacia mi persona, decido libremente, (haciendo uso de mi ser imagen y semejanza de Él) portarme bien, lo mejor que yo pueda, luchando siempre contra las tentaciones y arrepintiéndome de mis faltas.

La encarnación de Dios en la tierra nos liberó de la muerte, del pecado, de las cadenas que nos impedían ser libres. San Pablo en su carta a los Corintios nos dejó el siguiente mensaje

55"¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?

56.El aguijón de la muerte es el pecado; y la fuerza del pecado, la Ley. 57.Pero ¡gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo! 58.Así pues, hermanos míos amados, mantengámonos firmes, inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo no es vano en el Señor." (3)

El mal tiene la gran tarea de hacernos creer que Dios es malo, su trabajo es alejarnos de Dios, clavar en nuestros corazones y mentes el aguijón del “rechazo a Dios”; haciéndonos creer que “porque somos libres decidimos no creer en nada”.

Qué fuerte esa afirmación "el aguijón de la muerte es el pecado; y la fuerza del pecado, la ley." Estemos atentos, ya que podemos estar siendo víctimas de ese aguijón y no ser conscientes. Uno de los mayores pecados es desconocer el mensaje de Jesucristo, la revelación de que el Padre es amor y misericordia, quienes difunden un mensaje diferente caen en pecado, justificando sus acciones en la ley, ojo, la ley no puede estar por encima del hombre, "el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado" (Mc. 2,27-28). 

Les invito a crecer en la fe, a dar los pasos necesarios para fortalecer nuestras columnas – fundamentos de fe. Si una casa se edifica sobre arena se va a caer, si la construimos sobre aguas se nos derrumbará, busquemos un buen terreno, suelos sólidos, de rocas firmes y fuertes, ya que en el caminar de la vida, nos estaremos enfrentando constantemente a tormentas, vientos fuertes, golpes y tornados. La fe no se limita a lo que una persona pueda sentir, la fe debe poseer una mezcla de razón, emoción y sobre todo la presencia del Espíritu Santo, que es quien abre los ojos y permite que ardan los corazones, al mismo estilo que lo vivieron los discípulos de Emaús.

Recordemos el cuento japonés del hombre y el tigre que nos compartió Yokoi Kenji, lo importante no es el tigre, no es la muerte, no es el cáncer, el ladrón, o el odio, lo importante es la mora, Jesucristo, el amor, la misericordia, el perdón, la sanación, la compasión, la esperanza; con todo ello y más, podremos cambiar cada una de las malas experiencias, podremos vencer al mal convirtiéndonos en hombres y mujeres que se reconocen amados y por ende dan amor, somos poseedores de la verdad, aquella que solamente algunos seres humanos han decidido reconocer.

Dios no es malo.


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Citas:

1 de mayo de 2019

¿SERÁ QUE ME ENGAÑARON?


¿Será que me engañaron?

Resultado de imagen para dudasDesde muy pequeños nos han enseñado diferentes prácticas y dogmas sobre la religión a la que pertenecemos, algunas de estas enseñanzas nos han servido para avanzar en nuestro crecimiento humano como niños y preadolescentes, pero llegada la adolescencia comienzan a aparecer nuevas ideas, preguntas y muchas inquietudes, en especial sobre todo aquello que hasta el momento parecía intocable.

Algunas de las inquietudes que pueden estar surgiendo son:
Si Dios es tan bueno como dicen, ¿por qué permite que pasen cosas malas?
Si Dios es el todo poderoso, ¿por qué no elimina a los malos y deja solamente a los buenos?
¿Por qué Dios no evita los desastres naturales?
¿Cómo Dios permite que vengan al mundo tantos niños a sufrir?
¿Será que me engañaron?

Las preguntas seguramente son muchas más y cada una va naciendo junto a otros argumentos desde la experiencia “personal” que cada uno ha tenido a nivel religioso. 

Los extremos no suelen ser buenos y es muy importante que los adultos nos detengamos a analizar ¿cómo hemos educado en la fe a los niños? Ya que esto trae consigo consecuencias buenas o no tan buenas.

Una crianza en la fe basada en ritos, prácticas incomprendidas y sustentadas en el temor a Dios más que en el amor de Dios no generan buenos resultados.

Cumplir con los mandamientos y practicar los sacramentos porque la Iglesia lo manda y de lo contrario estoy pecando, podría generar en algún caso, sentimientos de rabia, dolor o molestia.

Pertenecer a una religión porque mis padres pertenecen no es un razonamiento lógico. Una educación religiosa familiar basada en el diálogo, el estudio, análisis, el conocimiento de las causas y la construcción de argumentos sólidos permite a cada uno de los integrantes sentirse tratado como protagonista y corresponsable, ejerciendo su ser imagen y semejanza de Dios.

¿Qué debemos hacer con tantas preguntas y dudas hacia Dios y la religión?
Lo primero es identificar cuál ha sido la educación religiosa recibida. Seguidamente amar esa historia personal, reconocer que todo lo recibido ha sido dado con la mejor de las intenciones, especialmente por parte de los padres. Es importante iniciar un proceso de clarificación de dudas, búsqueda de argumentos, desde una postura razonable, no impulsada por la rebeldía o la cerrazón.

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La fe es un don, un obsequio que Dios me da y que yo recibo para cultivarla o dejarla morir. Lo cierto es que posee tanta fragilidad que merece ser atendida y alimentada todos los días. No siempre conseguiremos respuestas razonables a todas nuestras preguntas, pretender conocerlo todo y dominar todo sería un acto de ingenuidad. No olvidemos que somos hombres y mujeres limitados, no dioses.

También es importante identificar qué es lo que cada uno está viviendo en estos momentos, qué origina tantas dudas. Dios no nos ha olvidado, ni ha renunciado al amor y misericordia que siente por nosotros. Si renunciara a eso dejaría de ser Dios.


"En la marcha hacia la verdad, la ira, el egoísmo, el rencor, etc.... deben quedar de lado, pues de otro modo sería imposible alcanzar la verdad. Un hombre a merced de sus pasiones puede tener muchas buenas intenciones, puede tener palabras verídicas, pero jamás descubrirá la verdad. Una búsqueda exitosa de la verdad exige liberarse por completo del tropel de dualidades tipo amor u odio, felicidad o desdicha."

Mahatma Gandhi

Reflexión final:
¿Cuál es el camino que deberíamos emprender para ir encontrando las respuestas a tantas preguntas sobre Dios y su presencia en nuestras vidas?
¿Qué debe hacer una persona para aumentar su fe evitando que sea debilitada?

Que este escrito sea la oportunidad para dialogar en familia y fortalecer cada experiencia religiosa que se va viviendo, no olvidemos que Dios desea que vivamos en libertad y plenamente felices.

Espero sus comentarios.

30 de septiembre de 2018

ALCANZAR LA SALVACIÓN SIN ESTAR BUSCÁNDOLA


ALCANZAR LA SALVACIÓN SIN ESTAR BUSCÁNDOLA


Cualquiera podría comenzar esta lectura preguntándose ¿cuál salvación? Es muy válida esa pregunta y más cuando siempre procuro respetar las diferentes ideas, corrientes, posturas o percepciones. Como siempre procuro dejar claro que no pretendo imponer nada y mucho menos decir que mi propuesta es la verdad final.

Iniciemos aclarando lo relacionado a la salvación, demos ejemplos:

  • Caminar por la acera y no por el medio de la calle es decidir salvarnos de un accidente.
  • Ir a la playa y colocarnos protector solar, es decidir salvarnos de un cáncer de piel.
  • Amar a la familia, a los padres y demás integrantes, es asegurar, salvar, nuestra salud emocional, psíquica e incluso física.

Ejercer correctamente nuestro oficio o nuestra vocación es salvar nuestro reconocimiento, el nivel de rendimiento, valoración e incluso autoestima.

Hay momentos en los que hacemos conciencia de las consecuencias que pueden traer nuestras acciones. Cuando actuamos prudentemente es porque reconocemos que es lo correcto, porque de no hacerlo dañamos un trabajo o lastimaríamos la vida de otra persona, aunque nosotros estemos aparentemente intactos.

La frase que inspira este escrito es la que aparece en el libro del profeta Daniel y que Juan Bautista 
De La Salle rescata en varios de sus escritos al momento de orientar a los educadores sobre la gran responsabilidad que poseen.

“Los que tengan el conocimiento brillarán como un cielo resplandeciente, los que hayan guiado a los demás por la justicia brillarán como las estrellas por los siglos de los siglos.” Dn 12,3

No todo ser humano hace consciencia de esta realidad. Hemos escuchado muchas veces la afirmación “el conocimiento es poder”, eso es cierto, el que se ha preparado, estudiado, obtenido información, seguramente tendrá mayor posibilidad de alcanzar algunos objetivos que no obtendrá el ignorante. Tener el conocimiento debe ser utilizado para el bien, para construir, servir, amar, de esa manera estaremos brillando como un cielo resplandeciente; otros nos mirarán como referencia y querrán acercarse, verse beneficiados por esa sabiduría y resplandor.

Ese brillo no llega solo, viene a ser la consecuencia de las acciones asumidas en bien de los otros. Si tu conocimiento lo utilizas para guiar a otros por el camino de la justicia, tu brillo será como el de las estrellas.


Dicho esto, volvemos al título. ¿Será cierto que alcanzamos la salvación sin estar buscándola? Toda acción buena que realicemos, traerá como consecuencia la mirada misericordiosa y paterna de Dios, en otras palabras “la salvación”. Nos estaremos alejando del mal, del odio, de la rabia, de la venganza, de todas esas enfermedades que no nos permiten vivir sanamente del cuerpo, los pensamientos y espíritu.

Un mensaje para los educadores:


“Agradezcan a Dios que haya tenido la bondad de servirse de ustedes para
procurar a los niños tan grandes beneficios, y sean fieles y exactos a
desempeñarlo sin recibir remuneración alguna, para que puedan decir con san
Pablo: el motivo de mi consuelo es anunciar el Evangelio gratuitamente, sin
que les cueste nada a los que me escuchan.”  MR 194, 1,2

Si nosotros los educadores hemos optado libremente por esta profesión, asistimos a las universidades, dedicamos muchas horas a la planificación y a la evaluación; contamos con el poder del conocimiento el cual debe ser utilizado para el bien, para el servicio. Terrible cuando escuchamos a educadores expresarse de forma intimidante hacia sus estudiantes, lamentablemente ellos no quieren reconocer que el poder que poseen se les ha dado para salvar y salvarse. Dios es quien nos ha colocado en el lugar de procurar grandes beneficios a los niños y jóvenes.

En la medida en que ayudamos a otros a ser buenos, estar preparados, alcanzar el conocimiento y reconocer el buen camino, estamos inconscientemente salvando nuestra vida de todo mal. Es un efecto rebote, quien da amor recibe amor. Seguramente alguno estará pensando: “no siempre”, “hay personas muy mal agradecidas”, “estoy casando de hacer el bien para que me paguen con el mal”. Sí, eso es verdad, pero es que en ningún lado he negado esa otra realidad, lo que estoy queriendo reconocer y darle fuerza es a la idea de que por encima de nosotros hay un Dios que nos sostiene a pesar de esas otras realidades y aunque existan personas malas no debemos renunciar a nuestros principios y creencias.

“Y la verdadera razón de esto es que, si cumplen bien la función de guías y conductores de las almas de quienes les están confiados, cumplirán igualmente bien sus obligaciones para con Dios; y Dios los colmará de tantas gracias, que se santificarán ellos mismos en la medida en que contribuyan todo lo que puedan a la salvación de los demás.” MR 205,2,2

Cuando abres una puerta para que otra persona pase, es porque tú tienes la llave, la posibilidad de entrar o salir cuando quieras. Permitir que otros entren en un espacio de bien, de paz y convivencia, es porque eso a ti te hace bien, estás convencido de cuál es el camino para alcanzar la felicidad.

Hago un alto en mis palabras y deseo que vean este pequeño video de la película “La lengua de las mariposas”, considero que pueden expresar muchísimo mejor lo que llevo en mi mente y corazón:



 No quisiera desviar la atención del mensaje en aquellos detalles históricos en los que se desarrolla esta película, una España en la que se están dando los primeros pasos para lo que será la guerra civil española, en donde muchos tuvieron que renunciar “exteriormente” a sus principios para salvar su propia vida y la de sus seres querido; esa es otra “salvación” que lamentablemente existe y nos ha hecho mucho daño.

Hacer siempre el bien, dar lo mejor de nosotros, construir un mejor planeta desde cada una de las aulas, patios, calles; abrir las mentes hacia el conocimiento y despertar conciencias dormidas. Eso es hacer el bien, eso es alcanzar la salvación, eso es utilizar el conocimiento como una fuerza transformadora, aunque a algunos no les parezca o no les convenga que el conocimiento sea difundido y puesto al alcance de todos.

Espero sus comentarios.
Viva Jesús en nuestros corazones… por siempre.

Nota: 
Las citas MR corresponden a las Meditaciones para el tiempo de Retiro de San Juan Bautista De La Salle.

15 de septiembre de 2018

ESTO ES PARA TI, PAPÁ, MAMÁ, EDUCADOR...


ESTO ES PARA TI, PAPÁ, MAMÁ, EDUCADOR…

“Mamá mi amiguito Schmuel no es igual a nosotros, ¿es buena gente?”

Bruno es un niño de 9 años de edad, el cual ha nacido en Alemania, educado bajo los fuertes y cerrados pensamientos de un padre militar que ocupó altos rangos durante los años 1939 a 1945 (II Guerra Mundial).

Schmuel niño de 08 años de edad, el cual pertenece a una familia judía, educado bajo las enseñanzas de tal religión la cual tiene como guía y enseñanza la Torá y una madre que es maestra y que busca infundir los mejores valores en su hijo.

Cierto día paseando por el campo Bruno se encuentra con Schmuel, dos almas nobles e inocentes comienzan a colocar las bases de una gran amistad, se ríen, juegan, hablan de sus padres y costumbres, reconocen las diferencias pero no se detienen. Cada día es una gran oportunidad para ser felices, sus corazones no entienden de conflictos y guerras, solamente saben que nacieron para amar.

El padre de Bruno trata duramente a los familiares de Schmuel y los padres de este sucumben ante el odio y las torturas.

Algunas frases que Bruno escucha en su casa:

  • ·       En realidad ellos no son personas de verdad.
  • ·      Él está a cargo de un horrible lugar… Sólo es horrible para ellos Bruno, debemos estar muy orgullosos de nuestro padre.
  • ·       Es un campo de trabajo, están ahí porque son enemigos.


Algo del diálogo entre Bruno  y Schmuel:

  • Tú eres mi mejor amigo – dijo – mi mejor amigo para toda la vida.
  •  Se supone que no debemos ser amigos, tenemos que ser enemigos, ¿lo sabías?
  • No es justo, yo atrapado aquí solo, mientras tú estás allá, jugando con tus amigos todo el día.
  •  ¿Por qué no puedes estar afuera? ¿qué hiciste? Soy judío.
  • -Mi madre es maestra en mi escuela y me enseñó alemán -explicó Shmuel-. Ella también habla francés. E italiano. E inglés. Es muy inteligente. Yo todavía no sé hablar francés ni italiano, pero ella dice que algún día me enseñará inglés porque quizá me convenga saberlo -Polonia -dijo Bruno, pensativo, sopesando aquella palabra con la lengua-. No es tan bonito como Alemania, ¿Verdad? Shmuel arrugó la frente. - ¿Por qué no? -preguntó.-Bueno, porque Alemania es el mejor país del mundo -respondió Bruno, recordando lo que había oído decir a su Padre y al Abuelo en muchas ocasiones-. Nosotros somos superiores.


Otras frases:

  •  La niñez se mide a través del sonido, olores y observaciones, antes de que aparezca la sombra oscura de la razón.
  • Que uno contemple el cielo por la noche no lo convierte en astrónomo.
  • ¿A quién se le ocurriría construir un sitio tan horrible?

Inspirado en el libro y la película “El niño con el pijama a rayas”


Dos niños, ángeles de Dios en la tierra, quieren enseñarnos que las fronteras (ideológicas, religiosas, políticas, económicas, sociales, culturales, geográficas) las construimos los seres humanos.
¿Por qué vemos como amenaza a otra persona que viene de otro país, que habla diferente, que tiene distintas costumbres alimenticias, incluso festivas?



Resultado de imagen para EL NIÑO CON EL PIJAMA A RAYAS¿Quién puso entre esos dos niños una cerca de alambres de púas que les impidiera ser libres?


¿Será un problema de educación, de temor o inseguridad?


Que esta tragedia llamada II Guerra Mundial la cual dejó tantas heridas y marcas en las mentes y corazones no se repita nunca más. Digamos no a la xenofobia.

El que sale de su tierra huyendo de un escenario de crisis no lo hace porque le place, todo lo contrario, es imposible explicar lo que se siente en el corazón, lo que se deja, la historia vivida y construida a base de esfuerzos y sacrificios.

Qué hermoso es encontrar personas que te preguntan por tu nacionalidad y te abrazan, te acogen y te permiten sentirte seguro en medio de tantas inseguridades y temores. Una sonrisa, una mano tendida rompen fronteras, tocan un corazón que se convierte en un eterno agradecido que eleva una plegaria al cielo.

Mamá, papá, educador, si estás leyendo estas líneas es porque te interesa construir un mundo diferente, en el que la paz y la hermandad sean normas inviolables, en donde todos somos reconocidos, tenemos un nombre y un apellido en común como lo es “hijos de Dios”, un mismo Padre que nos ha puesto en la tierra con la gran labor de amarnos unos a otros y ayudar al “prójimo”, a ese que está a nuestro lado (próximo) muy cerca, porque al final de nuestra vida por lo único que se nos va a evaluar es en la cantidad de amor que hayamos ofrecido.

Personas malas existen en todos lados, es lamentable y no lo podemos ocultar, la nacionalidad no protege a nadie de las malas acciones (robar, violar, extorsionar, secuestrar, mentir, etc). El mal existe al igual que existe Dios, es la constante lucha entre construir o destruir. Nosotros en medio del manejo de nuestra libertad decidimos a cuál grupo pertenecer. El mal hará todo el esfuerzo posible para que te canses de ser bueno, para que dejes de creer en el perdón, para que renuncies a tus convicciones; mientras que Dios estará trabajando día a día para que reconozcas que tus esfuerzos por ser su imagen y semejanza no son en vano, tu mayor recompensa es la libertad, es la bendición de Dios, es la resurrección.

Siempre he dicho que por un abogado que sea corrupto y mentiroso no quiere decir que todos los abogados sean iguales, o por un médico que sea negligente no quiere decir que todos los doctores sean así, o porque un cura abuse de un menor todos los curas son iguales; todas esas generalizaciones son peligrosas, nacen del mal, no provienen de una mente que desee construir, seamos equilibrados, responsables en nuestras expresiones, sobre todo si hay menores de edad de por medio.

Si queremos un planeta diferente tenemos que comenzar por educar de manera diferente a los niños de hoy. No transmitamos a las nuevas generaciones nuestras heridas, rabias e inseguridades; cada niño tiene derecho a recibir lo mejor para crecer y educarse.

No infundamos en el corazón y en el cerebro de los niños afirmaciones que sabemos no ser ciertas, como por ejemplo: “nosotros somos superiores”; la superioridad no está en el manejo del dinero ni en las armas, está en la capacidad de amar, de perdonar, de servir, de entrar en diálogo con las otras culturas y hacer de ello una fuerza transformadora.

Vemos la segunda guerra mundial tan lejos, incluso tan extraña a nuestra realidad presente que no reconocemos el terrible peligro de estar reproduciendo escenas que se vivieron durante esos años. El terrible peligro de repetir los desastres de la historia en el que nos matamos unos a otros sin reconocer que somos HERMANOS, que por nuestras venas corre la sangre del Dios de la vida, y a nuestros pulmones entra el oxígeno del Dios de la paz.
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Seamos ministros de Jesucristo, sus fieles representantes, garantes de que el Reino de los Cielos se instale en la tierra, en donde todos tenemos un puesto en la mesa.

Es mucho lo que tenemos que trabajar internamente desde nuestra propia historia para sanar heridas, liberarnos de pesadas cadenas y comenzar a ser los protagonistas de una nueva historia. (Recomiendo leer el escrito titulado “Humano”)

No más xenofobia, no más odio, que de nuestros labios y acciones solamente salgan piezas que construyan fraternidad.

Espero sus comentarios…

Viva Jesús en nuestros corazones… por siempre.