31 de mayo de 2020

"NUESTRO MODO DE VIVIR NO ES DURO COMO LA PIEDRA"



 Las Piedras Piedra Gris - Foto gratis en Pixabay
“NUESTRO MODO DE VIVIR NO ES DURO COMO LA PIEDRA”
Pentecostés, tiempo de renovación

Luego de tanto tiempo sin alimentar el blog “Humano, Educador y Creyente” el cual nació como una maravillosa válvula de escape en medio de una gran crisis personal, días de incertidumbre, temor, búsqueda, desconcierto e incluso dudas; hoy decido retomarlo, ya que su efecto, sin yo llegar a imaginarlo, se ha convertido en un maravilloso aporte a la reflexión, el sentir y actuar de miles de personas.

Hoy quiero renovar mi agradecimiento a todos aquellos que me invitan a seguir escribiendo y en especial a no rendirme en este riesgo de escribir y expresar tantas ideas. En estos momentos es cuando recuerdo con mucho cariño a un maestro que tuve en el colegio y que años después, la vida me permitió compartir aulas con él, me refiero a José María Bernechea. 


En el año 2000 me encontraba trabajando en el Colegio La Salle La Colina, en la ciudad de Caracas, tenía una fuerte carga de horas de clases y saliendo de un curso luego de dar mi clase de formación religiosa, me topé en el receso con el profesor Bernechea quien cubría su momento de guardia frente a la capilla del colegio, nos pusimos a conversar, yo necesitaba desahogar un enojo e inquietud que traía, ya que ponía todo mi esfuerzo y conocimientos para intentar tocar la vida de los estudiantes y que pudieran motivarse a conocer los Evangelios, era muy difícil, algunos no mostraban interés y expresaban rechazo a mis palabras y estrategias; al compartir todo esto con el profesor Bernechea, él me dijo:

“Leo, no te rindas, porque el demonio quiere taparnos la boca y que no se hable de estas cosas, la principal tarea del mal, es convencernos de que él no existe, y que somos 100% libres de hacer lo que nos dé la gana, ignorando que muchas acciones son el resultado de sus tentaciones en nuestras vidas, no te calles ni dejes de proclamar los Evangelios.”

Esa conversación la tuvimos hace 20 años y sus palabras quedaron grabadas en mi corazón, no he dejado de cuestionarme, de permitirle a mis estudiantes que me enseñen, de mirar a los ojos y de intentar tocar los corazones, no con el “libro” llamado Biblia, sino con la vida traducida en Jesucristo.

Deseo en este escrito compartir mensajes y reflexiones de otro de mis grandes maestros, el hermano Carlos Bazarra OFM (Cap.), el cual fue sacerdote, pero no le agradaba que le dijeran “Padre”, nos recordaba que somos hermanos, hijos de un mismo Padre y que la fraternidad nos hace más cercanos, humildes, hijos, servidores y misericordiosos, él era fiel reflejo de San Francisco de Asís.

“En la entrada del Museo de Oro en Bogotá se puede leer un texto mitológico colombiano: "Nuestro modo de vivir no es duro como la piedra. Es como la vista penetrante de un cristal que traspasa. Así son nuestros hermanos y así son nuestros hijos. La estabilidad de un horcón no perdura, pero la bondad y el calor del sol sí perdura, porque tenemos su cristal en nuestro ser". El horcón, me han dicho que es el tronco que se fija en el suelo y sobre el cual se asientan las vigas de una choza indígena. Con el tiempo el horcón se pudre y hay que cambiarlo por otro nuevo. Los indios experimentaron esta verdad profunda: el comején acaba con el horcón, pero no puede destruir la bondad del corazón. Coincidencia total con el mensaje evangélico: "No amontonen tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonen más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón" (Mt 6, 19- 21). [página 18] (1)

Nuestro modo de vivir no es duro como la piedra, la vida da muchos cambios, en cuestión de minutos todo aquello que consideramos seguro y estable puede cambiar, incluso derrumbarse, convertirse en la mayor y verdadera prueba de fuerza o supervivencia, solamente aquel que ha atravesado el camino de la inseguridad o el de la incertidumbre y la caída, es capaz de detenerse para mirar atrás y replantear el futuro.

En cambio, nuestro modo de vivir es como la vista penetrante de un cristal que traspasa. Llegar a esta experiencia de ver más allá de lo esencial, de lo primeramente visible es lo que nos permitirá hacer de nuestras vidas un verdadero escenario en donde los colores y la misericordia sean quienes irradien cada paso que damos y nos permitan prepararnos para el nuevo momento en el que toque cambiar el horcón las veces que sea necesario.

Si lográramos comprender que el camino a la felicidad está marcado por la misericordia y no por la miseria.

La misericordia es la capacidad que nos da Dios de abrir nuestros corazones ante la miseria humana, sin juicios, sin señalamientos, abriendo los brazos como lo hizo el padre en la parábola del Hijo Pródigo, y antes de que su hijo abriera los labios, el padre salió corriendo, lo abrazó y llenó de besos, porque este hijo que se había ido y lo consideraba muerto, ha vuelto a la vida.

En nuestras sociedades necesitamos de normas, leyes, disciplina, horarios y acuerdos; eso es correcto, de lo contrario estaríamos frente a un terrible escenario de caos y destrucción. Lo incorrecto sería darle más valor y fuerza a la ley del sábado que al hombre hijo de Dios.


Guia de las Escuelas por Martin Corral

El mismo S. Juan Bautista De La Salle en el siglo XVII en la obra que escribe junto a los Hermanos, titulada “La guía de las Escuelas Cristianas”, le recuerda al maestro que antes de poner un castigo o sanción a un estudiante por una falta cometida, debe conversar con este, lograr identificar cuál fue la motivación que lo llevó a ese error y juntos, buscar el camino para enmendar y no volver a caer. Eso es un acto de misericordia, mirar a los ojos y tocar el corazón.

El hermano Bazarra nos sigue diciendo:

“Las diferentes actitudes que se toman en la vida frente a unos mismos problemas, dependen de la disposición del corazón. Un ser insensible se encoge de hombros ante el sufrimiento de otro. Una persona compasiva viendo sufrir a uno, experimenta un cambio, se altera (en el sentido etimológico de la palabra), es decir, se vuelve hacia el otro para aliviarle. La miseria le pone en movimiento hacia la misericordia. Se pasa del egocentrismo hacía la alternancia. Esto nunca lo da la dureza sino la sensibilidad.” [página 18] (1)

Este artículo lo estoy escribiendo en la fiesta de Pentecostés (domingo 31, de mayo de 2020), y antes de comenzar a escribirlo le pedía al Espíritu Santo que pusiera en mi mente las palabras correctas y en mi corazón los mejores sentimientos para poder llegarle a los lectores y que juntos sigamos trabajando sin cansancio por hacer de este mundo un mejor hogar. También hemos estado celebrando los 5 años desde que el Papa Francisco escribió la Encíclica Laudato Sí “alabado seas”.

[2] “La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto» (Rm 8,22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura.” (2)

Nuevo impulso a campaña mundial por Laudato si | Reflexión y ...

Esta pandemia que vivimos a causa del COVID-19, nos ha dejado marcas para toda la vida. El ritmo y estilo de vida que traíamos, se han visto violentamente obligados a cambiar, ojalá que los signos visibles y evangélicos que se han hecho presentes no los olvidemos. Hemos reconocido el verdadero valor de un abrazo, de poder mirarnos a los ojos, de compartir el pan y rezar unos por otros con más fuerzas; ojalá que en nuestros corazones y futuros planes, existan nuevas ideas que sirvan para construir el hogar que deseamos tener y heredar para las generaciones futuras.

Continúo citando la Encíclica Laudato si:

[10] “Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos. Él manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior.” (2)

Hoy nuevamente el Espíritu Santo nos invita a “cuidar lo que es débil”, y sería un excelente ejercicio detenernos a pensar en este asunto. ¿Quién o qué, forma parte de la lista de lo más débil? Ciertamente nuestro planeta y dentro de toda la creación aparecen los niños, los ancianos y toda mujer y hombre que no conoce el amor, que ha sido víctima de rechazo, desprecio, olvido o injusticia. Como bien explica el Santo Padre en la encíclica, la naturaleza y la humanidad son inseparables y San Francisco supo reconocerlo en el siglo XII, hoy estamos en el siglo XXI y pareciera que no logramos comprenderlo del todo. Tarea pendiente.

El hermano Carlos Bazarra nos enriquece la reflexión con el siguiente texto:

“Me atrevo a afirmar que la espiritualidad cristiana no puede tener otros cauces que los de la misericordia. Que ser cristiano y fiel al Evangelio no es más que entregarse a vivir la misericordia en todas sus dimensiones. Las obras de misericordia no pueden pasar de moda.
Ser humano es tener misericordia. Por eso, podemos afirmar que Dios es verdaderamente humano, aun antes de crear al hombre. Porque tenía esta dimensión de humanidad (rasgos de misericordia) pudo crear al hombre y a la mujer "a su imagen y semejanza" (Gn 1,26).” [página 5] (1)


Qué afirmación tan fuerte la que Carlos Bazarra nos hace. Quiere decir que ser cristiano es una condición obligante y conexa con ser misericordioso en todas sus dimensiones. Ser misericordioso es tener la capacidad de escuchar, de mirar a los ojos, de permitir que el otro toque tu corazón y juntos descubrir el camino a la reconciliación, corrigiendo lo que sea necesario y celebrando el regreso a casa.

LA PARED AMARILLA: EL HORIZONTE DE LA MISERICORDIAAfirmar que “Dios es verdaderamente humano” es reconocer que hemos sido creados desde el amor, desde la misericordia. Antes de hablar de pecado original, sería más fructífero hablar del amor original, aquel que nos dio la vida, que nos ha hecho imagen y semejanza suya y no conforme con eso, decide encarnarse, ser uno entre nosotros y dando su vida nos libera del pecado y de la muerte, su amor es tan grande que no se aparta de nosotros, y es por medio de su Santo Espíritu que nos sostiene y envía para hacer de este mundo un verdadero hogar, a pesar las dificultades y las batallas constantes contra el mal.

Que estas líneas que hoy les comparto puedan traducirse en todos los escenarios posibles, en la relación de los padres con sus hijos, maestros y estudiantes, vecinos y amigos, parejas, y por su puesto con toda la naturaleza.

“La aventura es tomar en serio el tránsito de la crueldad del hombre a la misericordia de Dios. Es la aventura cristiana de Jesús de Nazaret. Optó por la misericordia, por el perdón, por la solidaridad con los pobres y los pecadores.” [página 6] (1)

Feliz fiesta de Pentecostés para todos.

Vigilias de oración por Pentecostés 2020 – Pastoral de Juventud

ORACIÓN (Secuencia):

“Ven, Espíritu Divino manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; 
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos. Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.”


Bibliografía
(1)    BAZARRA, C.; Vivir la misericordia. Una alternativa a la violencia, Ediciones Paulinas, 1996, Bogotá, Colombia.
(2)    PAPA FRANCISCO I, Encíclica Laudato si, 2015, Ciudad del Vaticano.

1 de julio de 2019

¿POR QUÉ DIOS ES TAN MALO?


¿Por qué Dios es tan malo?
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Cuando salimos a las calles y observamos con calma la realidad que se encuentra en muchas esquinas, podríamos afirmar que Dios es malo, mejor dicho, Dios es malísimo, es un padre que no ama, sino que odia a sus hijos.

Resultado de imagen para Dios maloVer a niños o jóvenes pidiendo limosnas, mujeres embarazadas o con un niño en los brazos viviendo en las calles, jóvenes drogándose, enterarnos de personas que han decidido suicidarse, restaurantes que botan comida mientras miles pasan hambre, templos llenos de fieles rezando y dándose golpes de pecho y que contradictoriamente cuando salen a las calles se convierten en lobos disfrazados de ovejas violando los derechos de los otros y abusando de su estatus o poder. ¿No les parece que estos ejemplos son suficientes para afirmar que Dios es malo?

Si Dios fuera bueno todos los seres humanos tendrían un estilo de vida razonablemente bueno. Por ejemplo: en una familia no existirían peleas ni odios, los padres no abortarían a sus hijos, los niños y jóvenes tendrían la oportunidad de crecer en un hogar fundado en el amor, las riquezas materiales estarían bien distribuidas, no existirían pobres ni ladrones, los fieles practicantes serían coherentes con lo que predican, en la escuela ningún estudiante saldría mal en sus estudios y mucho menos perdería un año escolar y los narcotraficantes no existirían.

Escuchar a un adolescente afirmar que Dios no existe y que todo lo que se le ha enseñado sobre Dios es mentira porque desde que nació su vida ha sido una verdadera tragedia es comprensible, como adulto formado en las ciencias religiosas y en las ciencias pedagógicas puedo comprender que el análisis que este adolescente realiza es unidireccional (Dios en la vida del ser humano), y no es bidireccional (Dios y los hombres en mutua relación). Quien ha sido golpeado sin dar algún motivo para ello, mira su herida, llora por el dolor que siente y reacciona en rechazo total hacia la persona que le generó tal dolor, el problema está cuando no enfocamos racionalmente nuestro análisis hacia la verdadera causa de la herida.

Otro ejemplo es cuando una persona buena, inocente, llena de vida, cae en cama con una enfermedad mortal. Es de los muchos escenarios que se repiten con frecuencia y cuya culpa pertenece únicamente a Dios, dejando por fuera cientos de argumentos o posibles causas.

Lo cierto es que pertenecemos a una cultura occidental en donde la imagen y formación que poseemos de Dios pesa mucho al momento de intentar analizar los acontecimientos de la vida. Si creemos que Dios es omnipotente debiendo influir y actuar en todo acontecimiento de la vida humana pasando por encima de los mismos seres humanos, entonces cabe perfectamente la pregunta “¿por qué Dios es tan malo?”

Cuando desde niños se nos enseña que encendiendo velas a los santos o rezando rosarios y asistiendo a misa, recibiremos una especie de escudo protector que nos librará de todo mal, entiéndase robos, enfermedades, dolor, pérdida de bienes, peleas con seres queridos, etc.

Sin darse cuenta, nuestros maestros en la fe cometen un error que aparentemente pareciera tonto o ingenuo, pero al pasar de los años reaparece en nuestra conciencia lleno de dolor y rabia a través de una pregunta ¿por qué si Dios es tan bueno, a mí me pasan estas cosas malas?, ¿será que Dios no existe?, ¿será que me engañaron?, ¿será que mis buenas acciones no sirvieron para nada?

Quiero rescatar unas palabras expresadas por el doctor Yokoi Kenji en una de sus conferencias en la ciudad de Puebla México, la cual fue publicada en youtube en el año 2019:

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“Yo soy latino y nos gustan las cosas ya, el final ya, y de ahí que yo odiaba las historias de los japoneses, pues yo soy colombiano, y esas historias sin final yo las odiaba. Viviendo en Japón y estando en la escuela, un día entró el maestro y nos dijo:

“Muchachos, hoy les voy a contar una historia importante de la cultura japonesa.”

Yo me emocionaba, una historia.

Maestro: “La vida que ustedes tienen en este momento, lo que están viviendo, es como la vida de aquel hombre que huye del tigre, el tigre ya lo va alcanzar para tragárselo, es su comida, no va a desistir, lo persigue y lo persigue, y el hombre corre y corre, ya no tiene fuerzas para seguir corriendo, así que toma una decisión aquel hombre, se lanza por un abismo, con la suerte de quedar colgando de una rama, pasa toda la noche ahí dormidito, y al otro día, cuando despierta, mira hacia abajo con la esperanza de ver si puede bajarse, pero hay un problema, el tigre está abajo durmiendo esperándolo, es su comida y no va a desistir, menos mal que justo en ese momento el hombre nota que de la rama donde está agarrado, justo hay una mora, una zarzamora gigante, que él no había visto antes por la oscuridad de la noche, ahora brilla por la luminosidad del sol, el hombre extiende su mano, la toca con la punta de sus dos dedos y está tan madura, que esa mora se desprende solita, el hombre la introduce en su boca, la mora estalla e inmediatamente calma su sed.

Y ahí termina la historia. Y los niños japoneses escuchan ese final y hacen ¡ohhhh! Y yo el único niño latino pregunta ¿y el tigre? Y el maestro responde:

Maestro: “el tigre no importa Kenyi, siéntese, lo que importa es la mora”

Y yo insistía, la mora no importa, lo que importa es el tigre, y seguía la clase, yo no podía pensar en más nada, soy un latino, ese señor se quedó colgando de esa rama, matémoslo o salvémoslo, pero hagámosle un final a este cuento.

Un día apareció un maestro que me dijo: “Kenji venga que le explico: ¿por qué el tigre no importa? 
Porque el tigre es la muerte, a todos nos espera, nadie la puede evadir, por eso no importa, pero la mora, son esas cosas pequeñas que nadie nos puede quitar y por eso su vida es como esas pequeñas moras.” (1)

Los niños japoneses han aprendido a identificar los momentos hermosos de cada día, se les enseñó a saborear las moras de la vida, a identificarlas, también reconocen los momentos difíciles pero no se enredan en las historias y dolores que estos encierran, saben que el mal existe y es por eso que se preparan para enfrentarlo de una manera inteligente y no visceral, sentimental, irracional.

Poder identificar el origen del mal nos hará libres, nos permitirá reconocer que Dios no es el padre de lo malo, no es el causante de las tristezas, de las tragedias, por el contrario, Dios es el Padre del amor, de la reconciliación, de las oportunidades, de la esperanza, es el que nos envía su Santo Espíritu para que le dejemos entrar en nuestras vidas, le abramos el corazón y nuestra mente y le permitamos actuar junto a nosotros. En la medida en que dejemos que el Espíritu de Dios invada nuestro ser, estaremos encontrando las respuestas adecuadas a tantos males existentes en la tierra.

Las enfermedades deben ser estudiadas, cada una tiene una razón de ser, una causa y posibles tratamientos, los ladrones y violadores son parte de una sociedad enferma, de un problema de educación, de formación en valores y principios.

Los divorcios o la violencia intrafamiliar son generados por el mismo ser humano, quien se deja dominar por los celos, el ego, la rabia, el querer controlar o dominar la vida de los otros, la falsa concepción de libertad.

Un país pobre en donde sus calles están llenas de indigentes, consumidores de drogas o niños abandonados, no es culpa de Dios, es culpa de los propios dirigentes políticos que han sumergido en la miseria a los habitantes de ese país, robándoles la oportunidad de estudiar, crecer económicamente, de salir de la pobreza y la miseria.

Lo presentado anteriormente hace referencia a acontecimientos totalmente humanos, cuyo único responsable es el hombre. Las guerras, el maltrato, la envidia, la ambición, el odio y todo sentimiento destructivo no le pertenecen a Dios. Como existe el bien también existe el mal, los seres humanos en medio de nuestro ser creados a imagen y semejanza de Dios gozamos de la libertad, de esa facultad que nos ha obsequiado Dios como buen Padre, que no somete, ni esclaviza a sus hijos.

Se imaginan a Dios manejando a su antojo a todos los seres humanos como si fuéramos títeres, sin la posibilidad de optar y tomar decisiones sobre nuestro presente y futuro. Esa imagen es terrible, ahí sí deberíamos afirmar que Dios es malo.

Ahora conversemos sobre Dios y hagámoslo a la luz de la siguiente cita de la primera carta del apóstol San Juan:

7"Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. 8.Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor.

9.En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene; en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él.

10.En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. 11.Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.

12.A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. 13.En esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. 14.Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo, como Salvador del mundo." (2)


Porque reconozco la existencia amorosa de Dios en mi vida, en el mundo, en cada ser humano, entonces como consecuencia mis acciones serán coherentes con ese amor recibido. Yo me porto bien y soy una persona educada, servicial, comprensiva, compasiva, coherente y todo lo bueno que pueda ser, porque en mí no existirá otra forma de retribuir el amor recibido por medio de Jesucristo a toda la humanidad. Soy bueno porque me reconozco amado, no porque le tengo miedo a Dios.

Resultado de imagen para Dios es amorAl leer este texto del apóstol San Juan reconozco y soy capaz de analizar que el mal no proviene de Dios, nace y surge de todo aquel que se aleja de Dios. Los seres humanos que actúan desde la maldad no han conocido a Dios, desde su libertad mal manejada le cierran las puertas a la experiencia amorosa que el Creador tiene para ellos.

El amor consiste no en que nosotros hayamos amado a Dios primero, eso es un error que muchos seres humanos cometen en su reflexión interior. Algunas personas analizan que si se portan bien, si cumplen los mandamientos y son fieles a toda la doctrina cristiana, entonces Dios tiene la obligación de guardarles un puesto junto a Él en el Paraíso, esto me recuerda mucho al comportamiento asumido por el hijo mayor en la parábola del hijo pródigo al enterarse que su hermano menor había regresado a casa, es triste pero el hermano mayor no logró comprender que lo que nos hace hijos fieles de Dios es la capacidad que tengamos de amar y perdonar. La lógica de Dios es diferente a la humana, es otra cosa, rompe nuestros esquemas limitados. El amor consiste en que Dios nos amó primero, antes de que nosotros llegásemos incluso a tener conciencia de su existencia, y cada uno de nosotros llegará a gozar de la vida eterna no porque fuimos buenos en la tierra, sino porque Dios es el bueno y yo como reconozco su amor infinito y su misericordia hacia mi persona, decido libremente, (haciendo uso de mi ser imagen y semejanza de Él) portarme bien, lo mejor que yo pueda, luchando siempre contra las tentaciones y arrepintiéndome de mis faltas.

La encarnación de Dios en la tierra nos liberó de la muerte, del pecado, de las cadenas que nos impedían ser libres. San Pablo en su carta a los Corintios nos dejó el siguiente mensaje

55"¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?

56.El aguijón de la muerte es el pecado; y la fuerza del pecado, la Ley. 57.Pero ¡gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo! 58.Así pues, hermanos míos amados, mantengámonos firmes, inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, conscientes de que su trabajo no es vano en el Señor." (3)

El mal tiene la gran tarea de hacernos creer que Dios es malo, su trabajo es alejarnos de Dios, clavar en nuestros corazones y mentes el aguijón del “rechazo a Dios”; haciéndonos creer que “porque somos libres decidimos no creer en nada”.

Qué fuerte esa afirmación "el aguijón de la muerte es el pecado; y la fuerza del pecado, la ley." Estemos atentos, ya que podemos estar siendo víctimas de ese aguijón y no ser conscientes. Uno de los mayores pecados es desconocer el mensaje de Jesucristo, la revelación de que el Padre es amor y misericordia, quienes difunden un mensaje diferente caen en pecado, justificando sus acciones en la ley, ojo, la ley no puede estar por encima del hombre, "el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado" (Mc. 2,27-28). 

Les invito a crecer en la fe, a dar los pasos necesarios para fortalecer nuestras columnas – fundamentos de fe. Si una casa se edifica sobre arena se va a caer, si la construimos sobre aguas se nos derrumbará, busquemos un buen terreno, suelos sólidos, de rocas firmes y fuertes, ya que en el caminar de la vida, nos estaremos enfrentando constantemente a tormentas, vientos fuertes, golpes y tornados. La fe no se limita a lo que una persona pueda sentir, la fe debe poseer una mezcla de razón, emoción y sobre todo la presencia del Espíritu Santo, que es quien abre los ojos y permite que ardan los corazones, al mismo estilo que lo vivieron los discípulos de Emaús.

Recordemos el cuento japonés del hombre y el tigre que nos compartió Yokoi Kenji, lo importante no es el tigre, no es la muerte, no es el cáncer, el ladrón, o el odio, lo importante es la mora, Jesucristo, el amor, la misericordia, el perdón, la sanación, la compasión, la esperanza; con todo ello y más, podremos cambiar cada una de las malas experiencias, podremos vencer al mal convirtiéndonos en hombres y mujeres que se reconocen amados y por ende dan amor, somos poseedores de la verdad, aquella que solamente algunos seres humanos han decidido reconocer.

Dios no es malo.


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